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domingo, 26 de diciembre de 2010

'No time for flowers' u homenaje a Ana María Moix


Hace un mes entrevisté a Ana María Moix en Palma. La escritora había venido a presentar el seductor poemario Baladas del Dulce Jim, reeditado por Bartleby cuarenta años después de su primera publicación en Barcelona. En aquella conversación premonitoria de "algo pasa con Anagrama" habló de Jorge Herralde, "el único [de la gauche divine] que no se vendió al mejor postor". Este cuento es un homenaje a los personajes de esos poemas pop, pues ya mezclaron alta y baja cultura.
Ah, una maldad, que si no se me olvida. Moix le soltó a bocajarro a Almudena Grandes en una ocasión. "Tú no tienes editor, tú lo que tienes es un jefe de ventas". Me encantó que Moix no fuera políticamente correcta y rechazara de plano esconderse el nombre de la susodicha en la chistera.
Y ahí va la historia:



Dulce Jim conduce su taxi. Le toca turno de noche. Sube Paseo Mallorca para recoger a su primer cliente.


Horas antes, después de la siesta, ha muerto Nancy Flor. No sé si porque no pudo hacerse a la idea de que iba a comerse el pollo sola. Todavía no lo he dicho: es Nochebuena. Con el cadáver caliente, Jim ha sido incapaz de hablar con nadie. La muerte de Nancy se perfila como un secreto.


El cliente sube al coche, Dulce Jim baja la bandera. Observa por el retrovisor a su pasajero. "Parece estar casado. Si se lo cuento, seguro que me entiende", sopesa el taxista. Se lanza. "No es de aquí, ¿verdad? ¿Viaje de negocios? Echará de menos a su mujer. Mire, la mía...". "Discúlpeme", le corta el cliente, dejando al descubierto un pequeño móvil que vibraba en su mano. Oportunidad fallida. Dejó al tipo en el aeropuerto, donde recogió a tres jóvenes no tan jóvenes dispuestos a quemar la noche. "Llévenos a algún bar con ambientito, y con tías buenorras", exigió uno de ellos. "Pues, no sé, caballeros, porque para mí solo había una mujer y...", terció Jim. "Venga, hombre, no nos venga ahora con moralinas que usted es fiel y todo eso", se burlaron.


Mientras acariciaba el volante, se acordó de que su madre le había regalado un pollo como regalo de bodas. Pero de repente la cara del ave iba adoptando las facciones de Nancy, sólo muerta para él. Vio una sombra, y del susto dio una cabezada. Pegó un frenazo justo enfrente del Abraxas. Descargó a esos tres hijos de puta que sólo aspiraban a meterla en algún coño y a hacerse algunas rayas de coca. Mientras, su Nancy Flor yacía muerta en el sofá de casa. Y nadie lo sabía.


Jim empezaba a estar cachondo. Antes de que su mujer muriera, había estado mirando la mierda casera de http://www.porngt.com/. Sin embargo, no había podido machacársela frente a tanto drama. Y ahora necesitaba descargar tanta culpa. Entonces pensó que si pagaba a una puta ésta le escucharía. Se subió en el coche a una de esas rumanas que guardan esquina en las Avenidas. Él le mostró dos billetes. "Es la primera vez, mi mu...". Cuando se vino a dar cuenta, ya tenía la bragueta bajada y la rubia faenando. La chupaba mejor que aquellas amas de casa de porngt. Mejor que Nancy. Dulce Jim estaba casi translúcido, y se enteró de que la puta bajaba del coche porque cerró la puerta con demasiada fuerza.


No time for flowers sonaba en la radio. Siempre le cantaba Nancy a Jim el trocito que dice así: "No pongas rosas sobre el mármol de mi fosa". No acababa de pronunciar estas palabras, cuando se acordó de lo hijo de perra que había sido: sobre el cuerpo de su mujer muerta había dejado caer una rosa de tela. Ni en eso había sido fiel.


Jim conduce hacia casa. Ha terminado el turno. Antes se para en el Atomic. Sólo quedan dos clientes y él. Se pide una cerveza. Los otros dos tipos se largan y él se queda multiplicado por mil en los espejos del local. Empieza a gritar. "Mi mujer ha muerto. Tú, mi mujer ha muerto. Idiota, mi mujer ha muerto". Le pregunta a la camarera del bar: "¿Cuánto cuesta romper todos los espejos?" "Es gratis. Aquí sólo se cobran las palabras. Escuche, consuélese, se trata sólo de un muerto más sin obituario", le aplaca ella. Y vuelve a sonar la maldita No time for flowers. Coge las llaves y sube a casa. Es hora de afrontar la realidad. La rosa de tela se ha convertido en una pistola. El asesinato, en un suicidio.

domingo, 19 de diciembre de 2010

José Carlos Martínez, de puntas en la CND


El periodista Roger Salas asegura en El País que el ministerio de Cultura fue a buscar a José Carlos Martínez a París para que dirigiera la Compañía Nacional de Danza. Los del Inaem le pidieron al bailarín murciano que se aprestara para el concurso público convocado para cubrir la vacante que dejó Nacho Duato al frente de la formación. La noticia de este tejemaneje ha llegado tarde, y los medios no han podido ejercer en paralelo su postura crítica al respecto. El Gobierno ha actuado en este caso más deprisa de lo que un tahúr amaña la baraja. Y nos ha timado: una vez más iba a representarse la comedia del proceso de selección. Una vez más la cultura iba a mostrarse refractaria a la igualdad de oportunidades para después escoger la excelencia. El clientelismo volvía a asomar las orejas. Quienes le han visto bailar aseguran que Martínez, el nuevo director, es un hacha. Pero un maestro del clásico. Así que confirmado queda el rumor: Cultura introduce el ballet de puntas en el repertorio de una compañía que lleva muchos años sin practicar seriamente con la barra. Una formación de treinta bailarines que se manejan como pez en el agua con las contorsiones del contemporáneo, sobre todo en el estilo "duatista", conocido en el mundo entero. ¿Qué sucederá a partir de ahora? ¿Cómo se adaptará al clásico una compañía respetada internacionalmente por su excelso nivel de contemporáneo?
Me decía el director en funciones Hervé Palito que cuesta unos cinco años alcanzar un estilo propio dentro de una compañía. Los ritmos, un poner los brazos, el trabajo en el suelo, el sello de una escuela... Porque sin estilo, en el arte, no somos nadie. La voz propia es lo que nos hace diferentes y contratables por parte de los teatros. La CND se desdibuja para volverse a reinventar, que puede ser también un reto, pero será un lustro de preescolar y puede que salpicado de bajas. Las puertas a la mediocridad estarán más cerca. La danza, siempre maltrecha en este país, no será excelsa ni en clásico (debería haberse partido de cero con otra compañía) ni en contemporáneo. No será ni chicha ni limoná. Mala cosa.