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domingo, 29 de julio de 2012

En la mente de Pere Joan




 "Fíjate, mis personajes no acometen nunca grandes acciones", me dice el dibujante Pere Joan a los pocos minutos de metraje de un audiovisual sobre su trabajo. Tràilers inèdits se estrenó la noche del pasado viernes en Banyalbufar. En la Clastra de Sa Baronia ­–un espacio espectral y bello al tiempo, patio trágico y esplendoroso de aristocracia rural a lo Bearn–, la asociación cultural Zona Fóvea ha organizado una exposición efímera (dura una noche) que reúne las claves del trabajo de este dibujante que forma parte del Grupo 7 del cómic insular, robusto en Europa y más que consolidado en la península. Es más, el próximo Premio Nacional de Cómic debería estar entre su Nocilla Experience y las Historias del barrio de Tomeu Seguí y Gabi Beltrán. No hay otra.

El acto de Banyalbufar da juego: primero se contemplan los dibujos y luego se va en busca de abrevadero a un simpático puesto de mojitos. En una mesa, Pere Joan firma sus cómics. Cerca, arriman el hombro los artistas Antoni y Enric Socías (autor de las animaciones del vídeo). La proyección en sí, casi un videoclip lento (la lentitud es virtud), exhibe cientos de dibujos del mallorquín agrupados por temáticas: narizotas, seres coronados, portadas imaginarias de libros, neumáticos como platillos volantes o grandes cabezas como monumentos visitables... En todos ellos, emergen las obsesiones y las virtudes del artista. Algunas de ellas:

1. Dibujar la posibilidad de lo imposible. O al revés. Punto de partida que lo impregna todo. La noche del viernes se hizo patente esta premisa en la serie de 70 dibujos sobre sofás realizados a lápiz en 2011. Objetos delirantes, pero que podrían existir, concebidos por un inventor disparatado: un edificio de pisos con una azotea en forma de butaca o un sofá cuyas patas son a su vez butacas diminutas. En puridad, alucinaciones a lo Cronenberg. Un Miguel Noguera metafísico. En este apartado, no se pueden olvidar los dibujos sobre grandes monumentos en forma de cabeza humana realizados en materiales degradables. Una idea que surgió durante la travesía que realizó el creador por el río Paraná hace dos años. Un concepto que se le ocurrió por pura necesidad: "Durante el viaje podían pasar días en los que no veíamos absolutamente a nadie", asegura. Un infierno, ¿no?

2. Otro motivo recurrente en su cómic es la carne y el canibalismo. Pere Joan es así. En medio de una cena puede hacerte esta pregunta: "¿Si te muerdes las uñas es antropofagia?" Muchas de sus ilustraciones destacan por su temática orgánica y por constituir una toma de conciencia del propio cuerpo. En el pase audiovisual, pudieron contemplarse dibujos de una historia inédita que jamás vio la luz. Un personaje que se sentía sin piel. "¿Sientes mi sangre?", le pregunta a su chica mientras la abraza. Otra historia dibujada: Érase una vez un hombre devorado por su propio corazón. Lo de la carne es muy J. G. Ballard

3. Los suicidas. Historias de personas que han sacrificado su vida por un gran ideal. En Azul y ceniza aparecen Sylvia Plath o el exkamikaze Kiichi Matsura. En este punto, Pere Joan nos da un involuntario toque de atención: el sueño del intelecto, la ilusión por las explicaciones totales no es posible. Chicos, dadle todos al mojito.

4. La fragmentación, las ideas aparentemente inconexas. El dibujante ve el mundo en piezas sueltas que conforman un gran puzzle. Así, estaba condenado a entenderse con Agustín Fernández Mallo y sus nocillas

5. Los personajes contemplativos. Y volvemos a la inacción. Pere Joan ilustra seres con ojos y posturas que hacen declaraciones metafísicas: seres sentados, apoltronados en el sofá que reflexionan sobre sus ideales, preocupaciones o frustaciones. Pero igual esto que digo no es así, y el dibujante me contestaría a la contra, en plan "si sólo son seres humanos que están aburridos y con la mente en blanco, punto". A él le gusta hacer gala de su afilada ironía. A mí no, yo siempre hablo en serio. Pese a lo que diga, sus cómics son pensamentales. Gracias a Pere Joan vivimos por encima de nuestras realidades. Y eso sólo se puede hacer con la mente. Que itinere esta exposición, por favor.

*Publicado en "Diario de Mallorca" el 29 de julio de 2012

Sr. Ferrer, la segunda vida de una imprenta


No soy una experta en reciclaje, pero sí había visto reutilizar abrelatas, cadenas de bicicleta, discos de radial, muebles deformados o cacharros de cocina para construir cualquier otro objeto nuevo independientemente de su función. En concreto, fue el colectivo Basurama quien dejó constancia de ello hace dos años en un taller organizado por Es Baluard. Lo que no había visto reciclar todavía es el material de una imprenta antigua: el stock de papel, postales, carteles, revistas, los tipos móviles de hierro o plomo, tarjetas de visita, fotografías... El archivo de casi un siglo de historia. Éste es precisamente el caso de Sr. Ferrer, el proyecto artístico de material de papelería impulsado por el editor Miquel Ferrer (Edicions Cort) y la gestora cultural Tina Codina (Tres Serveis Culturals), dos promotores culturales de Ciutat que deberíamos tener bien situados.

Dicho proyecto, que aúna también un laboratorio de trabajo en el que diferentes artistas pueden cruzar sus ideas para que eclosione una colección propia de libretas u otros objetos a partir de materiales antiguos de imprenta, cumple desde mi punto de vista con un punto básico de la teoría del reciclaje que no se cumple en otros muchos proyectos similares pero de escaso poso en los que prevalece el diseño oportunista y el marketing tontorrón de lo vintage por encima de la ideología. Me refiero a que en Sr. Ferrer hay una honesta y verdadera señal de vida rescatada de la muerte, y hasta una promesa de perduración. Están en juego los propios antepasados del impulsor de Sr. Ferrer. Aquí hay sangre por medio. Lo que aquí han hecho Miquel y Tina es trabajar sobre un archivo en papel de cuatro generaciones de editores (la familia Ferrer), un archivo sobre la historia de Mallorca que ahora tiene una segunda oportunidad y que no tiene competidores en internet pero que al tiempo se sirve de las redes sociales para implicar a los futuros consumidores en el proceso de creación de sus productos. ¿Cómo? Pues solicitándoles directamente ideas y propuestas. Sr. Ferrer es participativo y busca trabajar sobre temas, como la identidad isleña, que nos atañen a todos. Su primera colección de libretas, todas únicas y montadas a mano, surgió de postales antiguas de temática balear. La vuelta de tuerca a esta serie llegó con la nueva colección, recién presentada en Artdemossa (en una colectiva en la Fundació Coll Bardolet), que reflexiona sobre la identidad mallorquina y el souvenir: un manojo de cuadernos realizados por la primera pareja invitada residente en el laboratorio (Jordi Cerdà y Roser Cerdà) a partir del archivo fotográfico materno de Miquel, consistente en imágenes que derrocan la idea más tópica y superficial del turista.

Me quedo con Miquel un rato más en su laboratorio. Quiero saber hasta dónde puede llegar su archivo y su capacidad de transformar esa cordillera de papeles en libretas que se convertirán a su vez en archivos nuevos para las generaciones futuras. Me muestra los boletines antiguos de la Fundació Cultural El Tresor dels Avis que su bisabuelo imprimía, un señor hiperactivo que además de músico, maestro y editor, recorría los pueblos de la isla recopilando dichos y demás muestras de folclore en peligro de extinción. De los cajones rebosan tipos móviles de temática turística, de Semana Santa, Navidad, deportes... En las estanterías hay ejemplares de la revista Cort y otros de la publicación Show, ámbito de evasión, revista mallorquina semanal de música y espectáculos (sus portadas son un claro precedente de Interviú) que capitaneó su propia familia. Y en ella llegan los descubrimientos en forma de publicidad: tres tablaos flamencos en Palma (Los flamencos, Los Rombos y Torre del Oro), o locales como Barrabás, Jack el negro o el Mónaco. Historia revivida de la isla catapultándose hacia el futuro en las libretas del Sr. Ferrer. La memoria de lo que fuimos. Y de lo que seremos.





*Publicado en "Diario de Mallorca" el 22 de julio de 2012

'Don Juan Tenorio' no, por favor


El último montaje que vi de Don Juan Tenorio en Palma fue a los 15 años. Era una de esas adaptaciones a las que vamos obligados en tropel cientos de estudiantes para comprobar con crudeza que el texto original de Zorrilla no aguantaba ni dos segundos sobre las tablas de 1993 –pero sí sobre el papel– sin una importante vuelta de tuerca. En serio, se nos saltaban los empastes de la risa. Creo que fue el primer momento de mi vida en que me percaté de que en muchas ocasiones, y en manos de según quién, es mejor que un clásico no salga de las páginas de un libro. Digo esto porque programar para otoño un Tenorio que reciclará escenografía y vestuario de 1990, como ha hecho el Teatre Principal de Mallorca, tiene riesgos. Y creo que por parte de la sala es una declaración de intenciones: ¿Qué significa este gesto tan sintomático por parte de los nuevos gestores con Margalida Moner al frente? Para mí supone la recuperación de lo que fue el teatro hace 25 años. Un arcaísmo a día de hoy porque, desde entonces, los expertos que manejan los hilos en el Principal deberían saber que ha llovido mucho en la isla y que, después de la Temporada de Ópera, apetece algo más contemporáneo, ¿no?

Por otra parte, ¿por qué se vuelve a la técnica de la contraprogramación? El Auditòrium tiene en cartel periódicamente el título de Zorrilla, y hace ocho meses pudo verse en el Xesc Forteza el montaje de Don Juan del Teatro Clásico de Sevilla. ¿Necesitaba Palma otro Tenorio? No. La decisión es mala se mire por donde se mire. ¿De verdad que la gran cartelera de otoño del teatro público más importante de la isla la conformarán el Festival MúsicaMallorca, los conciertos de Sa Simfònica y un Don Juan Tenorio con la ropa de Maruja Alfaro de los años noventa como cabeza de cartel? 

Uno de los puntos que llama la atención sobre esta primera producción de la sala es el nombre del director del montaje, Juan Polanco, un asturiano sin arraigo en la isla. ¿Acaso no hay importantes dramaturgos mallorquines conocidos por sus estupendas versiones de clásicos? ¿Nombres propios con las puertas abiertas en El Liceu y en el Teatre Nacional de Catalunya? Sí, me refiero a Rafel Duran. Aunque también hay muchos otros mallorquines con buena escritura para adaptar clásicos. ¿Por qué no se cuenta con ellos? ¿Pesa la ideología por encima del talento a la hora de seleccionar quién puede y quién no puede poner un pie en el Principal? El argumento de incluir a los profesionales mallorquines en las producciones toma fuerza habida cuenta de que fue la propia Moner quien anuló todas las subvenciones a la producción local, y de que una de las funciones principales del teatro es impulsar nuestras artes escénicas. Si esto no se lleva a cabo inyectando dinero directamente, poniendo a Polanco al frente de esta obra el incumplimiento de potenciar la industria autóctona es doble.

Dos. Resultará ahora que ahorrar es usar vestuario apolillado de hace 20 años. Si el Principal quería economizar con esta primera producción, ¿por qué no ha buscado la fórmula de la coproducción con alguna empresa teatral privada de la isla? ¿No sería ése el mejor modo de escatimar en gastos? ¿No lo prometieron cuando presentaron su plan de actuaciones y de reestructuración? 

Suceden más cosas en el teatro que no se han contado. Si se puso el grito en el cielo porque el conseller de Turismo Carlos Delgado enchufó a su novia en la conselleria del ramo, ¿por qué nadie ha dicho nada al repasar los repartos de las óperas que ha llevado a cabo el actual equipo al frente de la sala, asesores incluidos? Constan ahí muchos familiares directos y otros no tan directos de quienes mandan. Según los presupuestos, han cobrado buenas cantidades con cargo al erario público. Al Principal le está faltando cosmética pese a los castings que ha convocado.

Finalmente, ¿qué teatro nos queda en Mallorca? Que yo sepa, poco. Mientras nuevos guionistas preparan más microteatro, Jaume Miró escribe cosas muy dignas como su In the backyard; Pep Ramon Cerdà y Toni Gomila (Acorar) ensayan su Víctor i el monstre en Sa Societat; Radiografies de La Impaciència se representa ahora en Barcelona y el próximo noviembre también lo hará La rara anatomia dels centaures de Iguana Teatresólo la compañía Deu Cèntims viaja al gran escaparate teatral a nivel nacional que es Tàrrega. Al tiempo, la conselleria de cultura del Govern, responsable de la presencia balear en las ferias de teatro, mantiene a un trabajador al frente de artes escénicas para hacer qué. La agenda. La cartelera. Qué bonito.

*Publicado en "Diario de Mallorca" el 15 de julio de 2012

La cuenta atrás de CineCiutat


Las libélulas, las camisas de manga corta y la apertura de un cine al aire libre han cifrado durante décadas el inicio del verano en muchos pueblos pequeños de la geografía española. En Palma, la cosa es bien distinta, pero no menos auténtica. El estío palmesano más popular –el de callejuela de Calatrava o Gerreria- viene marcado por las fiestas de Canamunt y el sarao del Flexas, verbeneo con un toque kitsch que fascina a abuelos, modernos, juventud Loewe y estetas almodovarianos que piensan que los ochenta fueron lo más. El aspecto más encantador de esta fiesta es que no hay que ir de blanco y que todo el mundo anda mezclado. Tiene mucho de fiesta obrera que fascina a los niños bien. La pátina maja y castiza de esta estupenda historia inventada por Pepa Charro se respiraba con más fuerza cuando el epicentro del chunda-chunda era la plaza de Sa Quartera, lugar en el que ahora crecen las terrazas exponencialmente y de manera proporcional al número de agentes de policía. El Ayuntamiento quiere un madero por cada mesa que ocupe la vía pública de Sa Gerreria. Un sinsentido que confiere al barrio el aspecto de un estado de sitio con toque de queda. Peripatético. ¿Todos al beach club? Y un cuerno. La fiesta del Flexas se celebra desde hace tres años en el Parc de la Mar, lejos de su ubicación natural –gracias Grosske-. Pese a ello resiste bien. Del sarao de este año –la cita es el viernes 13 a partir de las 20.30 horas-, creo que podrán destacarse dos aspectos: el primero, que es el único acto cultural que tendrá lugar durante el verano en el Parc de la Mar (cinema a la fresca aparte), arrinconado por Cort en su programación de conciertos. Y dos: habrá invitados chulos recién aterrizados de otra fiesta: la de apertura de CineCiutat, antiguos Renoir de Palma.


Avanzo algunos detalles de la doble inauguración de las pantallas de S´Escorxador, gestionadas por la plataforma ciudadana Xarxa Cinema. En primer lugar, se celebrará un acto oficial breve (con ánimo de no boicotear el sarao del Flexas), con photocall y copa de cava, el día 13 a las 20 horas. Adelanto una lista de los invitados y las circunstancias de cada uno de ellos. Para empezar, Rossy de Palma ya ha confirmado su asistencia. Agustí Villaronga está pendiente de adelantar al próximo viernes un vuelo a Mallorca que tiene previsto para la tercera semana de julio, pues el día 20 presentará Carta a Eva en el Festival de Pollença. Daniel Monzón acudirá "casi seguro", al igual que Fernando Trueba, que aseguró su presencia en la fiesta cuando pagó su cuota de socio de los cines. No faltarán Rafa Cortés y Marcos Cabotá, entre otros. La fiesta con actuaciones musicales se celebrará el sábado 14 de 20.30 a 23.30 horas. Los proyectores se pondrán en funcionamiento el mismo viernes 13 a las 18 horas. La programación se está cerrando en estos momentos. En la sala 4, gratuita para los socios, se exhibirán tres películas clásicas con efeméride detrás.

Recién estrenada la última entrega de Spiderman en nuestras pantallas, hay que decir que tuvimos al malo de la película, Lagarto, encarnado por el galés Rhys Ifans, en Deià, la semana pasada. El año pasado, estuvo en el mismo pueblo Tom Hanks. Y aquí todos tan tranquilos. Verano en Mallorca no son las libélulas o las camisas de manga corta o la apertura de un cine al aire libre; verano en Mallorca es "cuando ves pasar a una reina y ya no sabes si girarte", Matías Vallés dixit.

*Publicado en "Diario de Mallorca" el 8 de julio de 2012

Velasco una vez más










"Me mirabas / con ojos de agua oscura, / como si tú también / te supieras de muerte". Quien nos mira directo a los ojos es Miguel Ángel Velasco, una vez más. Él ya ha pasado por eso que llamamos muerte. El 1 de octubre de 2010 no pudo sobrevivir a lo vivido. Y por poco se nos olvida que alguna vez fue mallorquín. Velasco es un apellido que a los palmesanos siempre debió sonarnos de la misma manera que nos suenan Llop, Jordá, Bonet, Riera o Mesquida, pero de él recordamos como mucho su melena de león y su divina extravagancia circulando en noches de canícula por el Blues Ville u otras covachas jaraneras de una de las ciudades españolas peor valoradas por sus habitantes. Y es que aquí a veces sólo se puede vivir desde la ausencia: que se lo digan a Miguel Ángel, encerrado durante sus últimos meses de vida en su "despachito" de Son Sardina.



Pero, ¿quién era Miguel Ángel Velasco? "Por el tupido océano voy del oro, / va mi sueño ingeniero. / Soy la colmena. Soy el pavimento. / Soy el muerto de jade". Velasco era la clave de bóveda de todos los poetas de su generación, la cúspide de una poética que practicaron sus contemporáneos Carlos Marzal o Vicente Valero. Dos nombres que absorbieron mayor radiación y atención mediática que el mallorquín, recién editado por Tusquets en una colección dirigida por el gran poeta y ensayista Antoni Marí. Una noticia de la que sí vale la pena hacerse eco. Su amiga Isabel Escudero explica en el prólogo del volumen póstumo –titulado La muerte una vez más, presentado esta semana por el Último Jueves en la librería Jaume de Montsó- que el poeta le entregó "por si acaso", pocos meses antes de morir, tres poemarios inéditos y un cuarto cuaderno de apuntes, fresco, espontáneo, titulado Circulaciones. Para mí, esta última parte es lo más interesante del tomo porque descubre a un Miguel Ángel inédito, con una voz mucho más social y crítica con la realidad circundante, un hecho que podría explicarse por su asistencia todos los miércoles de 2009 y parte de 2010 (sus últimos años en Madrid) a la tertulia política del Ateneo madrileño coordinada por Agustín García Calvo, uno de sus maestros que tan bien le puso en el camino de la métrica clásica. Me gusta cómo ejemplifica Velasco el descalabro financiero en Mercante: "En un carguero de tamaño medio, / nos informa un doctor / de la ciencia económica, cabría/ todo el monto del oro / arrancado a las simas de la tierra. / Y es que no es tanto el oro, y un carguero / da mucho juego". No es que vea a Celaya, a Blas de Otero o al cantautor Carlos Cano en la médula de Miguel Ángel, pero algo de ellos hay en su nueva vena de desobediencia civil: "Se te compran el dinero que te cuesta ganarlo, esclavo, y no te quejas", escribe. Los recortes en educación son una realidad en el poema Grecia 2010, escrito durante la primavera de ese año "en hermandad con los jóvenes atenienses en airada revuelta contra el Régimen del dinero": "Nos llenaron la boca / con la palabra Grecia, /mientras iban / desnutriendo la vena / de nuestra educación, mientras faltaba /cada día un recurso / distinto del pupitre, / una vieja herramienta/ de luz, una raíz del tronco antiguo", advierte.

Dicen que la mejor literatura tiene un efecto físico, el otro efecto se lo presuponemos. Circulaciones tiene ese punch. Provoca una inundación de vehemencia matizada por una fuerte conciencia de la muerte y ese tono metafísico connatural a Velasco, un tipo que jamás escribió para caerle bien a nadie. Un poeta que elegía cada palabra como si fuese la última. Una melena sin apellido, un mito, que paseaba de vez en cuando por las calles de Palma.

*Publicado en "Diario de Mallorca" el 1 de julio de 2012

El centro Toni Catany grita auxilio



No faltaba nada para tener un museo perfecto en Mallorca: esto es, pequeño y coherente. Me refiero, por supuesto, al Centre Internacional de Fotografia Toni Catany. El continente se solucionó durante la pasada legislatura: Catany se comprometió a donar su propia casa de Llucmajor, y el Consell adquirió la vivienda contigua, perteneciente al también fotógrafo Tomás Montserrat. La colección la iba a conformar el legado del propio Premio Nacional, un patrimonio de primera categoría: la luz que cae sobre los bodegones de Catany nos deja bellas heridas que no vuelven a cicatrizar. El espacio en sí iba a convertirse en un lugar activo que iba a aprovechar los buenos contactos del mallorquín en el extranjero para atraer a la isla a los profesionales de la imagen más importantes del mundo. Por no faltar, no faltó ni el dinero (4,3 millones de euros) del Instituto de Turismo de España, pero la lentitud, la nefasta planificación y ahora la falta de liquidez ponen en peligro el proyecto y la oportunidad de que el legado de Catany se quede en Mallorca. Hay que recordar que el fotógrafo ya rechazó ofertas de fuera, pero priorizó el país al beneficio económico. Es un romántico.

Vivimos una época en la que sólo se tapian agujeros y venimos de otra en la que se pulverizaba el dinero a ritmo de conga. Al final nadie, ningún político, se ha aplicado de verdad con el proyecto de Toni. Los de ahora tampoco (y señalo a Joan Rotger del Consell), que sí aparentaron su compromiso con la cultura el pasado jueves cuando se hicieron la foto en la inauguración del festival de fotografía PalmaPhoto, en cuyo programa aparece cínicamente el gran Catany, que expone en Es Baluard. Fotos de políticos posando frente a las fotos de Catany. Qué cosas. Por otra parte, habría que preguntarse: ¿en qué estado se encuentra el patrimonio del fotógrafo? ¿Ya está todo catalogado? ¿Se están conservando las viviendas del futuro centro como es debido?

No falta nada, pero parece que no puede ser. ¿Por qué? ¿A qué están esperando? Ahora que hay tantos enfáticos museos oficiales de arte contemporáneo sin casi nada que mostrar, el centro Toni Catany parecía que iba a ofrecer el tamaño perfecto, la solidez discreta de lo bien hecho, lo luminoso, lo posible. Algo tendrá que ver con este infortunio la debilidad de una sociedad civil en la que todo, absolutamente todo, depende de la política y de la clase política. Menos mal del arte, del arte de Catany y del de muchos otros. El arte lo único que hace es levantar constancia del vacío. También del vacío cerebral.

Toni quería dejar su legado enraizado en su isla. Sus fotografías son fruto de una asimilación de viejas culturas mediterráneas. Su sitio está aquí. Catany quería dejarlo todo bien atado. Porque cuando un artista se va, suelen iniciarse años de barbarie. Hay muchos ejemplos: el taller de Gaudí se quemó, o tras el fallecimiento de Bach se perdieron algunas de sus partituras. Para evitar que suceda algo así, quizá solo quede una posibilidad: que nos quiten el legado de Toni de las manos. Y que la isla se quede aún más vacía. No faltaba nada para tener un museo perfecto en Mallorca. Al final sólo quedarán muchos agujeros culturales que tapiar. Y mucho vacío cerebral.




*Publicado en "Diario de Mallorca" el 24 de junio de 2012

La pegatina



La promoción de la lectura es un latiguillo político que, de momento, no ha servido más que para gastarse miles de euros en campañas publicitarias que no van a ningún sitio. La última la ha protagonizado Cort: como no tienen dinero para editar trípticos con capítulos de novelas como ya hiciera en la pasada legislatura el Govern, han tenido que pasarse a las pegatinas literarias en las ventanillas de los buses de la EMT. La medida es más ecológica, por supuesto, pero igual de inútil, y muy ingenua. Un amago de cubrir el expediente. Cansados de chorradas, libreros y editores participantes en la Feria del Libro de Madrid, que ha arrancado este fin de semana, han reclamado un consenso político y social sobre la importancia de la lectura.

Ante todo, aclarar que la lectura no es promocionable. No es una moto que haya que vender o el nuevo perfume que han fabricado para Navidad. Es un hábito, una conducta. Y su mayor ventaja, algo que todavía muchos no han descubierto, es que no necesitas a los demás para pasarlo bien. La excusa de que los niños no leen porque asimilan cualquier libro a un manual de clase, a una obligación escolar, no sirve. Y menos aún para los mayores, que en muchas ocasiones leen menos que sus hijos. La iniciación a la lectura de ficciones ha dejado de pertenecer al ámbito de lo doméstico para pasar a manos de los profesores, que en la mayoría de casos llevan a cabo análisis excesivamente gramaticales y lingüísticos de los textos, o a veces padecen absurdos planes de estudios con listados de lecturas obligatorias de claro carácter disuasorio (nunca nos obligaron en el colegio a leer a Bradbury, a Chandler, a Hammett o a Philip K. Dick). Los niños deberían aprender que la literatura revela secretos de las conductas humanas e iluminan mundos vigorosos. La literatura debería enseñárseles como si fuera un instrumento musical que deben hacer sonar con un sentido y una finalidad.

En segundo lugar, en el acto de leer, más que de promoción se debe hablar de contagio. El contagio puede darse por distintas vías. Primero, por imitación al prójimo. Ya que hablábamos de buses de la EMT y de transporte público, conozco a algunas personas que en Barcelona se han interesado por la literatura gracias al metro. En mi caso -yo era lectora a puerta cerrada-, nada más llegar a la ciudad, era incapaz de leer en el vagón cuando me trasladaba a la universidad. No era costumbre en Palma. Pero recuerdo aún la expresión enigmática y feliz de una mujer sumergida en un libro. Allí dentro debía de haber algo mucho más interesante que en los rostros de sus vecinos de asiento. Entonces obró el milagro: algunos de nosotros deseamos al instante ser Ella. Al día siguiente nos sacamos un tomo en el vagón sin miedo a ser acusados de pedantes. La segunda vía para contagiar la lectura es a través de los buenos lectores -no todos los profesores lo son-, y su conversación. Por eso creo que los miles de euros de las campañas institucionales deberían destinarse a contratar a los mejores lectores para las escuelas y las bibliotecas. Pongamos un buen lector en cada escuela de Mallorca. 

Hoy en día la literatura es como la amistad: la cultivamos poco y mal. Los amigos andamos proponiendo cenas y encuentros que no llegan a producirse, así como compramos o nos regalan libros que simplemente favorecen debajo del brazo. Y si te he visto no me acuerdo. De verdad que así vamos mal. Si la literatura es la pegatina que contiene las instrucciones de uso de la vida, creo que deberíamos vivir para leer. ¿No creen?

*Publicado en "Diario de Mallorca" el 27 de mayo de 2012

'Garridiario', lobby de inteligencia



No tiene casi nada que ver, de acuerdo, porque no son bohemios, pero el Garridiario, quienes lo componen, la fanfarria inteligente que se montan, lo que dicen algunos de sus invitados, me recordaron el pasado jueves a algunas escenas de la maravillosa novela Las máscaras del héroe de un jovencísimo Juan Manuel de Prada que parecía que únicamente iba a consagrar su vida a la literatura. Ya sabemos todos que al final no ha sido así. 

No sé, el jueves me vinieron a la cabeza las reuniones que organizaba en su casa Carmen de Burgos, Colombine, considerada la primera periodista profesional en España por su condición de redactora en el madrileño diario El Universal. El pisito de la amante de Ramón Gómez de la Serna se convertía de noche en un enjambre de poetas modernistas, políticos retirados o alejados de la primera línea y escritores genialoides, narra De Prada. La actualidad contada de manera muy peculiar y gamberra vertebraba las conversaciones. Y alguno de los presentes se arrancaba disfrazado a recitar un manojo de sonetos satíricos en los que ridiculizaban a varios políticos de la época y denunciaban sus rapiñas. Hablamos de la primera década del siglo XX. Y nada ha cambiado. Las rapiñas, digo. 

En el caso del espectáculo de nuestro Carlos Garrido, los poetas modernistas han sido sustituidos por los humoristas, y los escritores genialoides, por periodistas. La música rock es la pincelada garridista. 

Con el Garridiario, el periodista acaba de abrir su propio medio de comunicación. La tecnología que precisa es rudimentaria: una guitarra, un micro, un techito (el singularísimo Teatre Sans) y unas cuantas personas. El libro de estilo de este noticiario es uno: la necesidad de explicar las noticias de un modo alejado de las maneras habituales en los medios tradicionales y en los digitales. En lugar de buscar un hueco en internet, el periodista ha recuperado la originaria oralidad del periodismo, fundiéndola con la tradición intelectual e inconformista del cabaret, en concreto el político. Es por eso que las canciones forman parte importante de un espectáculo (¿es un espectáculo?) que irá mejorando e incorporando más números musicales en su desarrollo. Lo que les decía del cabaret y para ponerles un ejemplo de lo que sucedió el jueves, Garrido cantó con acritud la reinterpretación de las siglas de UM: "Una Mierda que acabará en Un Módulo". Su canción Bon al·lot (alguien que prefiere ser un poco ladrón que no vivir del poder y la corrupción) funcionó como una catarsis al cierre del irreverente noticiario. El happy-end fue la risa sonora del propio Garrido -muy cabaretera, por cierto-, fruto de tomarse muy en serio la realidad. 

Grandes aciertos del jueves: 1) Que el periodista jamás le preguntara al entrevistado, en este caso el músico mallorquín L.A.: "Y usted, ¿cómo se siente?" 2) Que sorprendiera al entrevistado explicándole que, tal y como dice la leyenda, el nombre del estado norteamericano de Los Ángeles (L.A., las siglas de su nombre, Luis Alberto) se le ocurrió a Junípero Serra observando las arquivoltas de Sant Francesc. 3) Que durante el guitar-talking, Garrido consiguiera que el cantante, que acaba de editar el e.p. SLNT FLM, grabado en EE UU, interpretara en acústico la segunda canción (la primera es "un bodrio", reconoció L.A.) que había compuesto en su vida, Movie Star. Ese momento espontáneo de Luis afinando la guitarra e intentando recordar la melodía fue muy fresco. 4) Los colaboradores son buenos: Xavi Canyelles clava a Jaume Matas (Matigues), y Marta Cabrero recupera crónicas y antiguos poemas ácidos. Y 5) Descubrir que un crítico literario puede ser gracioso. Josep Maria Nadal Suau lo es y lo estuvo. Argumentó muy bien por qué proyectos reales y pequeños como el Garridiario son tan importantes para la cultura y la inteligencia de esta ciudad. A propósito de ello, a la salida, Garrido me confesó que quería que su cabaret fuera un lobby de la inteligencia, concebido desde la risa cabaretera. Todo esto por 5 euros, consumición incluida, y en las próximas semanas. Atentos al cartel: Ramón Aguiló, Gabi Rodas, Mateu Xurí...

*Publicado en "Diario de Mallorca" el 20 de mayo de 2012

Unos muertos que nos sacuden


 Tras visitar la exposición sobre la revista Nosotros somos los muertos (hasta el 10 de junio en Ses Voltes) extraigo algunas conclusiones: en primer lugar, que es una muestra importante que deja constancia de un proyecto de 20 años de cómic experimental y de vanguardia que se coordinó desde Mallorca. Un destello artístico que forma parte de una historia cultural, la nuestra, siempre con muchos altibajos pero interesante. Dos, la exposición agita bastante y tiene mordiente: arranca risas ácidas, desmonta tópicos y mensajes cotidianos, señala con el dedo la hipocresía y la mercantilización de la vida, y turba: en ella hay mucha ensoñación, terror extraño y surrealismo inquietante. El mismo que ahora sentimos frente al rescate de Bankia (1.700 euros por español) y los infames sueldazos de sus gerifaltes. No damos crédito. Bankia tampoco. La lógica ya no es posible.













Volviendo a la revista de cómic de autor que Max y Pere Joan lanzaron entre 1993 y 2007, he de decir que el modo en que la creatividad se desplegó desde los comienzos en esta publicación es paralelo al modo en que la cultura se va a desarrollar en estos tiempos líquidos, pero sin liquidez. Autoediciones, fotocopias y cuatro grapas; todo eso está sucediendo, pero en internet. Cada cual se lo monta a su manera para canalizar sus ansias creativas. Antes se hacía para no sucumbir a la implacable lógica del mercado. Ahora es diferente: lo que sucede es que el mercado se está autodestruyendo. Y todos somos los muertos del mercado. Hemos dejado de ser los muertos de la guerra de Bosnia, motivo con el que Max arrancó con toda esta historia recogida en Ses Voltes y comisariada por Marta Sierra; pero eso durante la visita a la exposición da igual, porque el ejemplo que da la revista nos sirve igualmente.

La muestra arranca con un vídeo de entrevistas con los fundadores y colaboradores de la publicación. De fondo les escucho, mientras disfruto de las historietas e ilustraciones de Cifré, Arnal Ballester, Muñoz, Sequeiros, Gallardo, Gabi Beltrán, Àlex Fito, Lluís Juncosa (muy bueno su: Cap on va l´escultura moderna?) u Olivares. Reparo en las viñetas de Julie Doucet. En ellas, la canadiense se burla de la obsesión que a veces tienen algunos hombres con el tamaño de su sexo. "Si yo fuera hombre", dice Doucet, "me metería dentro del sexo revistas, cepillos de dientes, etc". En un esbozo de la portada del número 10, Max apunta algunas ideas y apreciaciones contemporáneas. No sé si es lo que pretende buscar con su dibujo. Escribe el dibujante: "Las buenas intenciones, la avidez, el desconcierto, la obnubilación, el asombro, el patetismo, el empecinamiento, la visceralidad. No es mi problema. No es asunto tuyo". Qué buen resumen de nuestra sociedad. Luego reparo en una portada de Pere Joan que parece un cuadro surrealista de Dalí. La exposición es un golpe en la cara. Una sacudida. En otra sala, a la que se accede atravesando una colectiva ajena a este montaje –lástima de este detalle que desbarata el recorrido–, se encuentran algunos escritos publicados en la revista: reflexiones sobre el cómic (Pereza, héroes, pudor, mentiras y el mercado), o reflexiones como la siguiente: "La provocación de hoy sería el silencio o la lentitud". Al final del recorrido, me encuentro con otra sacudida, una fantástica viñeta que desenmascara las apariencias: en ella, se ve a un hombrecillo supuestamente libre, en cuya sombra aparece otro ser supremo que va tirando de unos hilos para manejarle. El hombrecillo proyecta la sombra de una marioneta. ¿Lo somos, no lo somos, queremos serlo? Lo mejor de Nosotros somos los muertos es que compaginaba el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Buen método.

*Publicado en "Diario de Mallorca" el 13 de mayo de 2012

Las 24 horas de Guillem Nadal



La de Guillem Nadal en el Museo de la Ciudad de Valencia no era una exposición de arte efímero, a pesar de que el montaje primigenio durara 24 horas. No era una de esas muestras que consisten en colocar, por ejemplo, un bloque de hielo teñido de color fucsia que se va derritiendo durante 24 horas para dejar después una gran mancha en el suelo de la sala. No. A pesar de ser Valencia y ostentar esta ciudad a nivel institucional un gusto rimbombante por los artistas falleros, la del mallorquín era una estupenda selección de obras en torno a varias temáticas que se repiten en su trayectoria -agua, tierra y fuego-, con el aliciente de poder contemplar piezas inéditas. Sin embargo, lo que debía ser un éxito ha resultado un atropello vergonzoso. ¿Qué sucedió en el museo hace dos semanas? Que, finalmente, el montaje primigenio de la inauguración, supervisado por el artista, fue flor de un día, duró 24 horas. Sin hablar con Nadal, parte de las pinturas y esculturas fueron retiradas del museo valenciano para acoger una pasarela de moda a beneficio de una ONG. Las piezas restantes sirvieron de fondo decorativo para el acto. Para entender la gravedad del asunto, pongamos un símil: esto es como si un editor decidiera, sin el visto bueno del escritor, cambiar párrafos de sitio y arrancar páginas de un libro que ya se ha publicado. Un presunto delito contra la propiedad intelectual y los derechos de autor. Pues bien, obró en el centro artístico de Valencia la mala praxis museística que se instaló en los peores tiempos de Es Baluard, cuando no había ningún tipo de control sobre las piezas de la propia colección y sobre las nuevas que iban entrando en el museo. Una época en que dar información y explicaciones sobre las decisiones era cosa de marcianos.

En cuanto a lo de las explicaciones, hay que decir que, darlas, a veces recrudece el asunto, como ha sucedido en Valencia, un lugar en el que están acostumbrados a los efectos paranormales en política. El responsable de programación de la sala, Vicente Colom, se atrevió a afirmar fríamente en El País que la exposición de Nadal se había planificado "por hacerle un favor a un escultor y al galerista" del mallorquín. Una declaración muy bestia en la que se pone de manifiesto que el factor principal a la hora de programar en ese museo es el amiguismo, y no la calidad y otra serie de principios técnicos y artísticos que deberían estar marcados en el plan museológico. Sabemos que en algunas salas públicas todavía se actúa en plan red de favores, pero creo que jamás se había verbalizado con tanta desvergüenza. Por otra parte, también hay que decir que: primero, la obra de Nadal merece, de sobras, exponerse en ése y muchos otros museos del mundo; y segundo, el escultor y el galerista (probablemente estudiando medidas legales contra el Ayuntamiento de la ciudad) no tienen la culpa ni nada que ver con este tremendo desaguisado armado por los gestores públicos. 24 horas no debería haber sido el tiempo que durara el montaje primigenio de la muestra del mallorquín, sino el tiempo en el que deberían haberse producido las dimisiones y las destituciones en la cúpula del museo tras el trágico suceso.

Me cuentan que ya hay fecha para ratificar las bases para el concurso de dirección de Es Baluard. En la próxima comisión ejecutiva, que se celebrará el día 9, podría aprobarse un texto que ya ha sido modificado en algunos de sus puntos. Es posible que ese día la prensa pueda tener conocimiento de las mismas, y comprobar si la buena praxis obra en este museo. Ojalá no haya valencianadas.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 6 de mayo de 2012.

El último mohicano



 Los cines Renoir no tienen reina que les haga una carta de apoyo. Los cines Renoir cierran sin tener la posibilidad de estar en el debate político o de irrumpir en el pleno de un ayuntamiento. Los cines Renoir se esfuman. Se acabó, señores. El presidente de la Academia de Cine echa el cierre a las salas de s´Escorxador. No son rentables, dice. Las únicas pantallas de Ciutat que cuidaban el cine apagan los proyectores para siempre porque la ciudad les ha dado la espalda. Porque los estudiantes no iban. Porque la clase media culturalmente hablando no los pisaba. Porque no acudían suficientes extranjeros (sólo con los turistas que residen aquí se podrían haber salvado estos cines). Y porque los que ahora se manifiestan por los recortes en cultura tampoco pasaban por sus taquillas. Lo de los piratas en internet es una obviedad. Lo mismo sucede con la Simfònica: todos aquellos que se pegan ahora una vistosa pegatina de la orquesta en el pecho y van a la plaza Mayor de plañideras no han ido en su vida a uno de sus conciertos. Y menos pagando. Pues con los Renoir ya es tarde, queridos. En pocas semanas, formarán parte de algo tan burgués como el falso recuerdo. Absténganse de quejarse los espectadores que evitaban las salas de s´Escorxador porque sus butacas no eran tan cómodas como las de las salas más comerciales. Es triste ir al cine sólo por las butacas o por las palomitas que sirven, pero todos conocemos a amigos que lo hacen. Sí, el Renoir quedará congelado en varios años en la típica colección de láminas color sepia que entregan los periódicos para conectar con los nostálgicos, y muchos se enjugarán las lágrimas ante tal desaparición. Pero será un sentimiento de mentira. De plástico.

Los cines Renoir abrieron sus puertas en Palma el 2 de octubre de 1996. Llegaron con un proyecto al que han permanecido fieles desde entonces: exhibir producciones españolas y películas extranjeras de calidad proyectadas en versión original subtitulada. Una posibilidad que ninguna otra sala de la ciudad ofrecía. Los Renoir eran el espacio del diletante y han aportado durante más de 15 años un buen sustrato cinematográfico a la gente de mi generación. En este punto, no me olvido de la pequeña filmoteca de Jaume Vidal en el Centre de Cultura Sa Nostra, otro lugar que ha caído en desgracia.

Ya lo han dicho otros antes que yo y coincido con ellos, algunas de las películas más importantes de mi vida las he visto en ese cine. Y confiaba en que iba a continuar suministrándomelas. Era optimista. Hoy sé que no va a poder ser. Su filosofía me recordaba un poco a la de los cines Verdi en Barcelona. El destino quiso que pudiera vivir cerca de ellos, como ahora me ha regalado la posibilidad de vivir al lado de los Renoir. Mi cine de barrio.

A bote pronto y con mi estado de ánimo, recuerdo haber visto Funny Games en una de sus salas. Cerré el círculo con la proyección años después del remake. Ahora mismo vuelvo a tener la misma dosis de rabia que me inundó cuando vi esa película. Sí, sé que sólo es cine. W. H. Auden decía que la poesía no hace que nada suceda. Probablemente, el cine tampoco. Igual sólo emociona. Y no sirve para nada más.

Pero es que cierran los Renoir. Para mí eran la cuna de miles de historias secretas, felices y tristes. Y dos horas de mucha soledad frente a la pantalla. Sabíamos que no era bueno que los sábados a mediodía (mi día preferido) el cine estuviera vacío, pero nos gustaba estar irremediablemente solos en la sala.

Cierran los Renoir. En los últimos tiempos, estos cines se habían convertido en el último mohicano de una selva cruel y hortera, y flechas ignorantes le han ido atravesando el corazón, el mismo del logo institucional, hasta destrozárselo. Hoy Palma es menos grande y más vergonzosa que nunca.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 29 de abril de 2012

Viñetas que vienen y van


Para mí, el cómic es un arte que se me ofrece con la misma vocación que el aire fresco. Uno de los motivos estriba en que se sigue escogiendo mucho más a la hora de editarlos que la tradicional literatura de texto. Se cuelan menos estropicios y se selecciona más, de ahí esa sensación que en las viñetas aún se mantengan incólumes tres principios: 1, "nada es sagrado": por ejemplo, lo más crítico, desprejuiciado y bestia que he leído sobre el conflicto entre Israel y Palestina son las Crónicas de Jerusalén del dibujante Guy Delisle. 2, "la inteligencia puede ser divertida": Miguel Brieva en Dinero, revista de poética financiera e intercambio espiritual, es uno de los máximos exponentes de este axioma, y 3, "la pomposidad ha de ser aniquilada" o aquello de acción e idea por viñeta, hacer de la concisión virtud. En esto, el mallorquín Bartomeu Seguí es notable. Repasando la escena comiquera isleña, se preparan algunos lanzamientos y proyectos que en mayor o menor medida seguirán alguno de estos tres principios. A veces todos.

Primero, el último fin de semana de abril habrá traslado de viñetas. Pere Joan, el propio Seguí, Rafel Vaquer, Joan Escandell, Pau o Joan Miquel Morey participarán en el Saló del Còmic de Andorra. Habrá exposición de su obra, encuentros y firmas. Al mes siguiente, es posible que algunos de ellos participen en el festival de cómic de Tetuán. Por otra parte, las firetes de libros y tebeos viejos que se hacían en Mallorca se recuperarán, y el programa de Còmic Nostrum va tomando forma de cara a su celebración en octubre.

Más: Seguí tiene previsto enfrentarse a otra historieta junto al guionista Felipe Hernández Cava.

Gabi Beltrán está tomando apuntes para una segunda parte de Historias del barrio. Nos cuenta también que los derechos del álbum ya se han vendido en Alemania y que Astiberri está ahora mismo en negociaciones con la mítica Gallimard (con escritores como Albert Camus o Marcel Proust en su catálogo) para publicarlo en Francia. También remata un libro de relatos.

La mitad de las ilustraciones sobre personajes históricos de Balears que aparecen en un álbum que publicará el Dia del Llibre la editorial Dolmen y el Institut d´Estudis Baleàrics las ha realizado Pere Joan. De su mano han salido un foner, Juan March Ordinas, Francesc de Borja Moll, la Beateta o Guillem Sagrera, entre otros.


Tomeu Pinya está pendiente de varios proyectos. Pero tiene en previsión junto al guionista catalán Josep Busquet una comedia oscura en la que se relatarán las dificultades que entraña adaptar una novela al cine. En este álbum, lo más interesante serán los tres niveles de narración que entrarán en juego: el de la literatura, el del cine y el del propio cómic.

Max publicará próximamente la novela gráfica Vapor (La Cúpula). En ella, cuenta la historia de un tipo que está harto del mundo y decide retirarse al desierto, un lugar en el que tampoco podrá mantenerse alejado de lo que aborrece.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 15 de abril de 2012

Passion for CRIdA



Después de una fiesta de despedida con medio art-system palmesano socializando con el gin-tonic de Es Jaç y música de Albert Pinya, es normal sentirse invadido por un sentimiento de pérdida similar al que nos embarga tras un buen orgasmo. Los franceses, que son muy listos, le llaman a ese momento la petite mort. Pues bien, tras el guateque del viernes con el que decía adiós CRIdA, ese proyecto de centro de residencia e intercambio de artistas promocionado por el Ayuntamiento de Palma, a la ciudad se le moría algo. Aunque sea una muerte temporal, una petite mort, prometen los gestores, apena porque cuando las cosas terminan a veces es muy difícil retomarlas. En los estudios de Sant Jeroni, cuyo alquiler se está renegociando a la baja, los currators (así, con doble erre) Pau Waelder y Fernando Gómez de la Cuesta demuestran que han sabido convertir la escasez de recursos en un patrimonio rico, en una pedrería de campanillas bien integrada en el circuito artístico de la ciudad. ¿Por qué debería continuar CRIdA? Primero, porque es la mejor promoción exterior de la ciudad. Que artistas extranjeros que están integrados en el circuito artístico mundial se pasen dos meses creando en unos estudios en el centro histórico (escupiendo a veces obras que le hacen un guiño a Palma) tiene un retorno impagable. Es la mejor embajada, y a largo plazo la más barata. Nada que ver con la errática promoción exterior del Institut Ramon Llull, sin contactos en el circuito artístico y alquilando carísimas salas en Alemania o Londres para mostrar colectivas de quita-y-pon. Dos: CRIdA es un centro de producción que ha nutrido de obras y artistas a la escena local, dilatándola. ¿Qué debería cambiar en CRIdA? Los comisarios del proyecto saben que deben replantearse varias cuestiones: Uno, trabajar con menos artistas durante más tiempo. En dos meses, éstos apenas conocen el lugar y hacen contactos. Y dos, que cada etapa de CRIdA tuviera una duración mínima de tres años para poder desarrollar la segunda parte del proyecto: esto es, el intercambio real de artistas con centros del extranjero. Hay que tener en cuenta que estos espacios suelen tener el programa de residencias bien atado con un año de antelación. Por último, las prestaciones del proyecto deberían ser mejores para mantener la calidad. No se puede trabajar casi gratis: la simple passion for CRIdA se puede acabar y morir para siempre.

Es Baluard es otra petite mort, lleva medio año muerto. Sin programación a la vista, con alguna exposición anunciada que da mucho miedo, y con unas bases para el concurso de dirección aprobadas pero sobre las que nadie habla claro, es normal que nos lancemos a la especulación. ¿Qué habrán corregido nuestros gestores de las bases que dejó redactas el anterior equipo de gobierno? ¿Por qué no las ha mostrado a la Asociación de Artistas Visuales o a la de críticos? En honor a la transparencia, dejaremos constancia en este artículo de algunos puntos de esas primeras bases redactadas en 2010 y a las que ha tenido acceso este periódico. En primer lugar, se contemplaba que el jurado elector del candidato lo conformara una comisión evaluadora formada por cinco expertos de reconocido prestigio en el sector del arte, más cuatro representantes de la fundación del museo (esto es, la voz política y del mecenas con intereses). Es decir, un comité mixto. Una fórmula mejorada a la que propuso Cort para el concurso del Solleric. En contra de esas bases, un punto que no me gusta y que no he encontrado, por ejemplo, en el último concurso público del Museo Reina Sofía. Dice así: "La Fundación podrá invitar nominalmente al concurso a los profesionales que considere adecuados". Ahora sólo nos falta comparar estas bases con las nuevas, próximamente en el BOIB.


*Publicado en "Diario de Mallorca" el 22 de abril de 2012

Mallorca is indifferent




Arranca Tots aquests dois y ante nosotros aparece un Pep Tosar caracterizado a la perfección. No es que sea idéntico al Guillem d´Efak real (ésa sería una exigencia estúpida), sino más bien que Guillem d´Efak podría ser así. O yo me lo imagino, sobre todo a medida que avanza la pieza. La piel negra, la mancha en la cabeza, el gesto seductor o esa dicción del mejor mallorquín de la ruralia de Tosar constituyen una fotografía perfecta. La escenografía y la luz contribuyen a ello, así como las propias canciones D´Efak, sorprendentemente bien interpretadas por el actor. Es hacia el final de la obra cuando, después de atender a la biografía del personaje a través de un audiovisual con instantáneas reales del "més de mig manacorí", se nos revela definitivamente el grado de acierto de esa caracterización. En este punto, a la obra (hasta mañana día 9 de abril en el Auditòrium) le damos un 8. Sin embargo, por el camino hay claroscuros. 


El montaje de Tots aquests dois, ya hemos dicho que basado en la vida y obra del representante de la Nova Cançó Guillem d´Efak, combina un audiovisual con testimonios, un soliloquio y un recital musical: dos horas en que el protagonista le cuenta directamente al público su biografía mediante un texto al que se le podría haber nutrido de mayor teatralidad como contrapunto al tono documental de la proyección. Pese a ello, director y actor –el mismo Tosar– han diseñado varias argucias para dar vivacidad y plasticidad al conjunto: ahora una mención crítica a un acto presuntamente racista de Aznar en 1996, por aquí alguna pulla al clasismo que imperaba en el Teatre de Manacor en los cincuenta, ahora un gesto a lo Glenn Ford (momento Patricia Wymore entrando en La Cubana) o por aquí el golpe de efecto de otro personaje, el camarero, que hace de interlocutor en el mítico local barcelonés La Cova del Drac, todos ellos buenos aderezos del hilo conductor de un hombre que va desnudándose (no del todo, falta emoción) a medida que desciende a los territorios menos amables de su vida, como la Guerra Civil, la ceguera temporal o la enfermedad. Todo es técnicamente irreprochable, pero no se logra evitar cierta sensación rutinaria. El motivo, la linealidad y monotonía en la narración de una vida que demandaba más golpes de efecto. D'Efak no era precisamente un monaguillo. Lo mejor de la obra es la selección musical. Y la voz de Tosar. La pieza tiene otro problema: el hecho de querer abarcar demasiados aspectos de una biografía. Por eso padece una neurosis acumulativa de hechos que apabullan en exceso al espectador. Hay riesgo de indigestión. Por otra parte, en el caso de personajes históricos conocidos, si no se procede con alguna novedad, se corre el riesgo de no contentar ni a los doctos ni a los iniciados en la materia.


Sin ser condescendiente, hay momentos estupendos. A mí me emocionó casi todo el fragmento dedicado a la llegada D´Efak a Palma y su barrio brut. Pero mi pasaje preferido es cuando el poeta lanza un dardo a una isla que nunca reconoce a los suyos: "Spain is different", se inventó Fraga, pero "Mallorca is indifferent", asegura Tosar. Me quedo con esta conclusión de la obra por un suceso recién acaecido: el Teatre de Manacor, tierra del guineano, de momento no ha programado este homenaje a Guillem d´Efak, cuyo nombre también fue rechazado para bautizar el nuevo auditorio del pueblo. De nuevo la indiferencia de los autóctonos hacia uno de los suyos. Manacor sólo cae de hinojos frente a Rafel Nadal.


En fin, Tosar nos cuenta en la pieza que D´Efak era different (acaso el primer negro de la isla, un guía turístico poco convencional que probablemente hubiera abandonado su profesión si en su época al Consolat de la Mar le hubiera dado por dinamitar Es Trenc), alguien nacido en África que tuvo que venir a esta isla para mostrarnos que era posible convertirse en la máxima expresión de la mallorquinidad y la catalanidad siendo extranjero, porque los de aquí, y Guillem eso lo sabía, somos y seguimos siendo bastante indiferentes.


*Publicado en Diario de Mallorca el 8 de abril de 2012