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domingo, 29 de julio de 2012

Velasco una vez más










"Me mirabas / con ojos de agua oscura, / como si tú también / te supieras de muerte". Quien nos mira directo a los ojos es Miguel Ángel Velasco, una vez más. Él ya ha pasado por eso que llamamos muerte. El 1 de octubre de 2010 no pudo sobrevivir a lo vivido. Y por poco se nos olvida que alguna vez fue mallorquín. Velasco es un apellido que a los palmesanos siempre debió sonarnos de la misma manera que nos suenan Llop, Jordá, Bonet, Riera o Mesquida, pero de él recordamos como mucho su melena de león y su divina extravagancia circulando en noches de canícula por el Blues Ville u otras covachas jaraneras de una de las ciudades españolas peor valoradas por sus habitantes. Y es que aquí a veces sólo se puede vivir desde la ausencia: que se lo digan a Miguel Ángel, encerrado durante sus últimos meses de vida en su "despachito" de Son Sardina.



Pero, ¿quién era Miguel Ángel Velasco? "Por el tupido océano voy del oro, / va mi sueño ingeniero. / Soy la colmena. Soy el pavimento. / Soy el muerto de jade". Velasco era la clave de bóveda de todos los poetas de su generación, la cúspide de una poética que practicaron sus contemporáneos Carlos Marzal o Vicente Valero. Dos nombres que absorbieron mayor radiación y atención mediática que el mallorquín, recién editado por Tusquets en una colección dirigida por el gran poeta y ensayista Antoni Marí. Una noticia de la que sí vale la pena hacerse eco. Su amiga Isabel Escudero explica en el prólogo del volumen póstumo –titulado La muerte una vez más, presentado esta semana por el Último Jueves en la librería Jaume de Montsó- que el poeta le entregó "por si acaso", pocos meses antes de morir, tres poemarios inéditos y un cuarto cuaderno de apuntes, fresco, espontáneo, titulado Circulaciones. Para mí, esta última parte es lo más interesante del tomo porque descubre a un Miguel Ángel inédito, con una voz mucho más social y crítica con la realidad circundante, un hecho que podría explicarse por su asistencia todos los miércoles de 2009 y parte de 2010 (sus últimos años en Madrid) a la tertulia política del Ateneo madrileño coordinada por Agustín García Calvo, uno de sus maestros que tan bien le puso en el camino de la métrica clásica. Me gusta cómo ejemplifica Velasco el descalabro financiero en Mercante: "En un carguero de tamaño medio, / nos informa un doctor / de la ciencia económica, cabría/ todo el monto del oro / arrancado a las simas de la tierra. / Y es que no es tanto el oro, y un carguero / da mucho juego". No es que vea a Celaya, a Blas de Otero o al cantautor Carlos Cano en la médula de Miguel Ángel, pero algo de ellos hay en su nueva vena de desobediencia civil: "Se te compran el dinero que te cuesta ganarlo, esclavo, y no te quejas", escribe. Los recortes en educación son una realidad en el poema Grecia 2010, escrito durante la primavera de ese año "en hermandad con los jóvenes atenienses en airada revuelta contra el Régimen del dinero": "Nos llenaron la boca / con la palabra Grecia, /mientras iban / desnutriendo la vena / de nuestra educación, mientras faltaba /cada día un recurso / distinto del pupitre, / una vieja herramienta/ de luz, una raíz del tronco antiguo", advierte.

Dicen que la mejor literatura tiene un efecto físico, el otro efecto se lo presuponemos. Circulaciones tiene ese punch. Provoca una inundación de vehemencia matizada por una fuerte conciencia de la muerte y ese tono metafísico connatural a Velasco, un tipo que jamás escribió para caerle bien a nadie. Un poeta que elegía cada palabra como si fuese la última. Una melena sin apellido, un mito, que paseaba de vez en cuando por las calles de Palma.

*Publicado en "Diario de Mallorca" el 1 de julio de 2012

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